viernes, 2 de enero de 2009

ARCO VOLTAICO

La luz
al salir de su cabeza
No se expande en líneas rectas

Fuera del círculo blanco
Ocurren dramas lamentables

NO VEO
LA CIUDAD
EN
QUE
ESTAMOS
Varios gritos de ahogan
en el mar espeso
Y todas las embarcaciones
regresaban
Los rayos de luz
que caen
Han acribillado el suelo

(Vicente Huidobro)

WAR IS OVER

TE AMO

La figura no remite a la declaración de amor, a la confesión, sino a la proferición repetida del grito de amor.

Pasada la primera declaración de amor, "te amo" no quiere decir nada; no hace sino retomar de una manera enigmática, hasta tal punto parece vacía, el viejo mensaje (que tal vez no ha pasado por esas palabra). Lo repito fuera de toda pertinencia; sale del lenguaje, divaga, ¿dónde? No podría descomponer la expresión sin reír. ¡Cómo! Estaría "yo" de un lado, "tú" del otro, y en el medio un nexo de afecto razonable (por léxico). ¿Quién no siente cómo semejante descomposición, a pesar de conformarse a la teoría lingüística, desfiguraría lo que es arrojado afuera de un solo movimiento? Amar no existe en infinitivo (salvo por artificio metalingüístico): el sujeto y el objeto llegan a la palabra en el mismo momento en que proferida, y je-t-aime debe entenderse a la húngara, por ejemplo, en que se dice con una sola palabra, szeretlek, como si el francés, renegando de su bella virtud analítica, fuera una lengua aglutinante (y precisamente es de aglutinación de lo que se trata) A ese bloque, la menor alteración sintáctica lo hunde; está por así decir fuera de la sintaxis y no se presta a ninguna transformación estructural; no equivale en nada a sus sustitutos, cuya combinación podría no obstante producir el mismo sentido; puedo decir durante día enteros te-amo sin poder quizá jamás pasar a "lo amo": me resisto a hacer pasar al otro por una sintaxis, por una predicación, por un lenguaje (la única asunción del te-amo es la de apostrofar, la de darle la expansión de un nombre propio Ariadna, te amo, dice Dionisos).
Te-amor carece de empleos. Esta palabra, como la de un niño, no está aprisionada por ninguna restricción social; puede ser una expresión sublime, solemne, ligera, o bien erótica, pornográfica. Es una expresión socialmente móvil.
Te-amo carace de matices. Suprime las explicaciones, los acondicionamientos, las gradaciones, los escrúpulos. En cierta manera-paradoja exorbitante del lenguaje- decir te-amo es hacer como si no hubiese ningún teatro de la palabra, y esa expresión es siempre verdadera (no hay otro referente que su proferición: es un performativo).
Te-amo carece de otro-lugar. Es la palabra de la díada (maternal, amorosa); en ella, ninguna distancia, ninguna deformidad llega a hender el signo; no es metáfora de nada.
Te-amo no es una frase: no transmite un sentido sino que se aferra a una situación límite; "aquellas en que el sujeto está suspendido en una relación especular con el otro". Es una holofrase.
(Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso)